jueves, 2 de noviembre de 2023

Raulito - Raulito (2002)

Ya he hablado en un sinfín de ocasiones de niños que cantan de todas las clases y especies posibles: los hay salerosos, gamberros, diminutos, y muy canis. Pero hubo un canijo que los precedió a todos, uno que supo derretir nuestros corazones con su precocidad y su repertorio de chiringuito de Fuengirola. El original, no aceptes imitaciones. De hecho, tampoco hagas caso a mi introducción, cuando Juan Luis Galiardo lo hizo de manera mucho más elocuente en el cénit de la carrera del chaval.

"Señoras, señores: el arte atraviesa malos momentos. Necesita... nuevos espacios, nuevas formas de expresión. Escúchenlo."

Y como un muñeco a cuerda, en cuanto le pones a Civera en el radiocassette, nuestro prodigio se pone a convulsionar que más parece una epilepsia sin diagnosticar que pasos de baile. Pero qué caderazos pega, capaces de hipnotizar a la clientela de la pescadería de su barrio que, lejos de perder el sentido como haría cualquiera con algo que no sea horchata en las venas, lo observan estáticos, como si fuera el monstruo de Un lugar tranquilo y no un criajo de 6 años. Pero ese es el poder de Raulito, una figura fundamental si queremos entender la evolución de la industria musical en los últimos veinte años.
El videoclip en pretencioso blanco y negro no pertenece a un filme de Truffaut, si no a Franky Banderas, una, digamos, comedia disponible en Flixolé que llevo años queriendo ver. Por lo que sé, el argumento está bastante bien resumido en esos cinco minutos: un actor trasnochado ve en Raulito una gallina de los huevos de oro mientras éste se agita como poseído y lanza su chupa de cuero con vehemencia. Tras presenciarla, Roger Ebert opinó "ya lo he visto todo" antes de intentar arrancarse los ojos con un sacacorchos, pero a Roger Ebert le gustó La Amenaza Fantasma o sea que tampoco había que tomarle muy en serio.

La cosa es que el fenómeno Raulito no fue tan pasajero como podía prever, porque ese Franky Banderas salió dos años después que su álbum debut (producido ni más ni menos que por Rosa León, más conocida por su carrera de cantautora comprometida y por servir de modelo al John Lennon del Museo de Cera de Madrid) que, salvo que alguien violara las leyes del espacio-tiempo con el único propósito de catapultar a este canijo al estrellato (y no me sorprendería), tuvo que venderse después de que el niño encandilara a toda una generación con sus interpretaciones de los éxitos de Chayanne, Civera, o Ricky Martin. Tuvimos más de medio lustro de Raulito, y debemos dejar de fingir que aquello no sucedió si no abrazarlo.

Normalmente dejo la seriedad para el final pero tras comprobar que Don Raúl, ahora con veintitantos, es con seguridad la mejor persona de nuestro país, con un 100% de good takes hasta donde alcanza mi vista, debo lanzar el disclaimer antes de tiempo: cero hate hacia Raulito, merece todo lo bueno que le pase. Habiendo dicho eso, ahora vamos a divertirnos a costa de su embarazosa infancia.

Ya hemos escuchado la salva inicial del disco, su "Que la detengan", pero vamos a ver esto que nos muestra a Raulito en su entorno preferido, que es el escenario. Con más gomina de la que gasta la junta directiva de La Caixa en un año, el mico se abre camino a través del tema en riguroso playback, que ese nivel de cardio que requiere la coreografía no hay cuerdas vocales que lo aguanten. La actuación es extraordinaria y contiene todos los puntos álgidos del videoclip, lanzamiento de chaqueta incluido (y con muchísima más distancia, a punto de impactar contra el público, pero Raulito necesita más que un conato de asesinato en directo para dejar de concentrarse en su performance). Incluso en la pista pregrabada, nuestro pequeño se queda sin aire, lo que me hace pensar que hasta en el estudio se estaba preocupando más de menearse por encima de sus posibilidades que de controlar el diafragma. Pero respirar es de cobardes.

Hay un problema, y es que este disco esta descatalogado. No está en Spotify, ni en Youtube, ni siquiera en la Deep Web (imagino, no he mirado), por lo que casi todas las demás canciones me las voy a tener que imaginar. Lo sé, decepcionante, pero buscaré una manera de recompensaros. De "Quisiera ser un ángel" he descubierto una versión karaoke que francamente no me imagino cantada por el chiquillo, y sí por un Luis Miguel preadolescente y bien bronceado, y esta imagen tan maldita.


Raulito, multidisciplinar como pocos, también diseñaba las carátulas de sus singles, y aquí le vemos muy risueño mientras levanta el vuelo en huida de una jauría de conejos asesinos y algún que otro payaso al que simplemente le interesa su cadáver. Aunque, por supuesto, para poder ser un ángel hay que ascender al cielito y, por lo tanto, haber fallecido, así que es probable que la turba esté revolcándose en sus tripas. Cuando yo dibujaba eso, me llevaban al psicólogo, pero si lo hace Raulito lo venden con la Superpop. ¡Doble moral!

De las siguientes tres canciones no hay constancia alguna, pero acepto si alguien me quiere enviar una copia de este CD siempre y cuando venga acreditada por la Conferencia Episcopal de que ha pasado por una purificación con agua bendita... Pensándolo bien, prefiero no pensar que haría un obispo con una fotografía del adorable muchacho así que mejor mandádmela directamente. La cosa es que son "Aserejé", "Sueño su boca" y "Héroe", casi seguro el culmen del disco. No podemos más que imaginar cómo Raulito interpretaría el trabalenguas de las Ketchup, cómo vibraría con el rollo sandunguero de su tocayo Raúl, y cómo nos haría suspirar con la de Enrique Iglesias: "quién pudiera ser tu Dios", está claro que las miras de Raulito están puestas en usurpar el trono de Yahvé por todos los medios posibles.

Por suerte no siempre tenemos que hablar de Raulito como hablamos de Wilt Chamberlain, una leyenda de quien sólo se conservan contados testimonios videográficos: de "El rey" hay material, pero empecemos con esto para asentar el estómago. Disfrazado de mariachi y flanqueado por sendos maromos que ríete tú de Chanel, Raúl se postula como miembro eminente de la realeza en este clásico de Vicente Fernández en un decorado que es a un tiempo demasiado y demasiado poco: no sé qué estarán disimulando con esos arcos de contrachapado y ese poto del Leroy Merlín, pero si hay algún caso cerrado de secuestro del año 2003 empezaría por ese plató. El vídeo lo ha subido un canal increíble donde también se pueden comprar DVDs de Isabel Pantoja y un misterioso "producto sorpresa", que no creo que sea mejor que un DVD de Isabel Pantoja pero ¿y si sí? He ahí la sorpresa.

En cuanto al otro vídeo, vedlo primero, no quisiera estropear el giro aunque suceda en los primeros cinco segundos. Efectivamente, Joaquín Sabina está disfrutando de una tarde noche como cualquier otra, rodeado de cuatro mujeres que podrían ser las futuras ex-esposas de su nieto, cuando Raulito toma el control de la fiesta. Sabina pone caras de sentir la música en sus venas, de haber visto una moneda de dos euros en el suelo, y de darse cuenta de que no va a mojar, cosa que le frustra sobremanera: durante un interludio musical espeta, ante la enésima negativa de las sensatas pretendientas: "¿qué está pasando aquí? La juventud venimos arrollando (?) ¡ES QUE YO NO SOY NADIE!" y Raulito a lo suyo, momento los diferentes órganos de su sistema digestivo de manera independiente. Pronto todas las señoras del bar se unen al harén del párvulo, cobrándose más víctimas que solo el cantautor. Sabina, borrachísimo a estas alturas de la madrugada, paga y berrea el estribillo al impertérrito barman antes de marcharse y dejarnos sin epílogo alguno más que el de su propia envidia muy mal gestionada. ¿Teorías? Joaquín, colchonero de pro, le debía un favor a Enrique Cerezo, que como productor de Franky Banderas era uno de los principales interesados en promover a Raulito. Como artefacto histórico, esta colaboración deja a la altura del betún esa de María Isabel y Chenoa; como en aquella, los dos protagonistas no coinciden en pantalla ni una sola vez, probablemente para salvarnos de un daño irreparable a nuestras retinas.

También tenemos acceso a la cover de "La raja de tu falda", donde el flow metralletero de los Estopa no es rival para nuestro churumbel, que pese a seguir el ritmo a duras penas y atragantarse en las frases más aceleradas, sale relativamente ileso de la colisión de su Seat Panda. Las malas noticias son que ya no queda nada en la tracklist localizable: no puedo encontrar "Amante bandido", ni "Y yo sigo aquí" que eran las que más ilusión me hacían, y tampoco "María" y su pasito p'alante. ¡Ni siquiera "Torero", y eso que es un recuerdo indeleble en la psique de mi generación haber visto a Raulito dando capotazos en televisión!

Un final amargo para este artículo, aunque no para la trayectoria del chaval, al que como sabemos le va muy bien con sus cosas que a priori no tienen que ver con la profesión musical. ¿Hace falta terminar esto de otra manera que no sea una nota positiva para variar? Yo creo que no. Así que yo que sé, aquí va un vídeo de Raulito levantando 100 kilos.

Hala, hasta más ver.

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