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sábado, 22 de junio de 2024

Levantar la Tapa: Hall of Fame 2024

El Hall of Fame más glorioso de la historia de la música cuestionable vuelve otro año más, y ya van diez. Lo que comenzó como una chorrada de un grupo minúsculo de personas de dudosa calaña se ha convertido en absolutamente nada más que lo que era allá por 2015. Sin ánimo de desautorizar a Mercedes Sosa, pero si hay un contraejemplo a eso de que "todo cambia", somos tus amigues de Levantar la Tapa.

88 entidades perforatímpanos han engrosado nuestras filas hasta ahora; un número redondo en ciertos grupos de Telegram, sí, pero que se queda corto visto lo prolijo del universo anti-pop en el que nos movemos. Lo cosmológicamente coherente es que nuestro firmamento se encuentre en continua expansión, que aparezcan nuevos astros para eclipsar a los ya consagrados: estrellas fugaces como Farina o Blood of the Black Owl, cuya inclusión resultaba ya casi inexplicable minutos después de producirse; agujeros negros como Joe Exotic o nuestro fan nº1 Luixy Toledo, con una mitología en la que es fácil perderse; y por supuesto rutilantes estrellas como Romano Aspas y Leticia Sabater, cuya luz seguiremos humildemente y por siempre como girasoles.

Siete de esos girasoles se reunieron en cónclave una vez más para poner en común sus dispares criterios y lanzarse balas rellenas de ántrax durante casi tres horas. Tras incontables traiciones, elecciones maquiavélicas y algún troleo de última hora como el que alejó, otro año más, al entrañable Adriansito, el Mini Daddy, de la inmortalidad, dimos con un listado con el que todo el mundo quedó aproximadamente conforme, que es a lo más que podemos llegar.

Sed, pues, testigos de nuestro acuerdo. Costó sangre, sudor, lágrimas, y alguna que otra carcajada, la verdad.

sábado, 28 de enero de 2023

Operación Triunfo 1, hoy: Parte 1

En mi campaña nigromántica de resucitar todos los blogs en los que he puesto alguna piedra vuelvo a Levantar la Tapa para hablar de un tema para nada manido entre los historiadores del pop cuestionable: Operación Triunfo 1. Aquella experiencia generacional que nos marcó tanto y que, más de veinte años después, sigue dando juego. Sin embargo, mi interés hoy no es regurgitar de nuevo todo lo ya conocido, nada de eso.

Viendo el otro día Telecinco, un error que siempre quiero cometer más a menudo, me encontré con algo de lo que sólo había oído hablar de pasada: Mediafest Night Fever. Esta feria de los horrores es el último (para mí, al menos) componente del SEU (Sálvame Extended Universe), una suerte de Tu Cara Me Suena tróspido en el que los pseudofamosos de la cadena se pasean para cantar con artistas profesionales venidos muy a menos. Allí, presenciando cómo la mujer de Ortega Cano se disfrazaba de Jasmine de Aladdin para, de la mano de Naím Thomas, abrirse paso a machetazos por "Un mundo ideal", o cómo el ínclito Víctor Sandoval se convertía en un clon siniestro de la reina de las fiestas en residencias de ancianos Helena Bianco para perpretar un medley de los supuestos éxitos de ésta última, quedé prendado al instante. Allí estaban Naím Thomas y, de jurado, la gran Rosa López, gente que hace dos décadas besó los cielos, y ahora han quedado reducidas a viejas glorias, si es que alguna vez fueron glorias para empezar.

jueves, 17 de marzo de 2022

Juan Camus - Aquarium (2021)

España se niega a deshacerse de OT. Y hacemos bien, porque eventos como ese que agitan los cimientos del status quo sólo suceden una vez cada generación. Ahora quizá estemos en una etapa más de marejadilla en lo que al vendaval Operación Triunfo se refiere, pero es cuestión de tiempo. Como dirían Thanos, o Shakira: inevitable. Mientras TVE se decide a cuál es el momento perfecto para volver a engrasar la maquinaria triunfita, hay una persona que seguro no va a formar parte de nada que tenga que ver con ello. Y es, por supuesto, Juan Camus.

Por azares del destino, tengo relativamente recientes ciertos detalles de OT1, ese terremoto que ya ha cumplido más de 20 años, y puedo asegurar que la idea que tenemos de Juan y el jovencito que se desgañitaba por los escenarios dos décadas atrás son noche y día. El Juan de 2001 era un muchacho que quería divertirse y aprender, que rechazaba cualquier idea de competitividad, que sólo quería componer canciones, y que nos regaló, aunque los detalles de su autoría son problema de la judicatura, “Mi Música Es Tu Voz”, un himno para recordar. El chico muy bien no cantaba, y sonaba algo así como un becerro pariendo un Boeing 747, pero le ponía ganas. Había abandonado un puesto de alto directivo en Londres, como recordaban constantemente en las galas, para perseguir su sueño, y no iba a dejar que un ínfimo obstáculo como tener una voz bastante desagradable le impidiera conseguir sus metas.